¡Estamos cerca de todo!

La cultura del vino

Beber vino es algo cada vez más habitual. Por esta razón desde la chicota queremos comentar brevemente varios trucos para que podamos aprovechar y sacarle el mayor partido al vino.

La técnica de la cata es fácil de aprender, pero es difícil dominar su arte.

El realizar una cata de vino ejercita y entrena los sentidos, entre ellos: vista, olfato y gusto.

Vista.

Primero descorchamos una botella para analizar su corcho. Este debe estar humedecido levemente por el vino, demostrando que la botella se ha guardado siempre inclinada. Sí el corcho presenta olores fuertes y extraños, puede haber contaminación en el vino. Se debe rechazar cualquier botella que tenga el corcho estropeado.

A continuación, se sirve el vino en una copa, se agita suavemente y se coloca la copa delante de la luz. Se ve así, si esta limpio, sin sedimentos y aquí es donde se decide si conviene decantar el vino o servirlo directamente.

Los vinos blancos con reflejos verdes o sutilmente dorados son vinos jóvenes, y los que tienen reflejos intensamente dorados o ámbar son viejos (han sido criados en madera o han sido mal conservados).

Los tintos jóvenes son de color violáceo, y a medida que envejecen adquieren tonos cobrizos.

Al agitar la copa nuevamente y con suavidad se comprueba, a trasluz, como se forman las lágrimas del vino. Los vinos ricos en glicerina y los de alto contenido alcohólico derraman lágrimas en la copa.

Cuando se evalúan vinos espumosos, se observa que un buen vino debe tener burbujas diminutas, vivas y de incesante formación.

Olfato.

A continuación hablamos del sentido del olfato. Éste empieza a funcionar cuando se acerca la nariz a la copa que no hay aromas desagradables en el vino. No deben detectar olores avinagrados, azufres, ajo, caucho o papel.

Los mejores vinos son siempre aromáticos y complejos, y se van abriendo, expanden o aparecen en la copa, haciéndose más expresivos a medida que hacen contacto con el aire.

La primera sensación notable, y la más fácil de explicar es la intensidad aromática.

Por último, identificamos los matices aromáticos. Podemos distinguir los aromas en las siguientes gamas:

Los aromas primarios son muy característicos e identificables, predominan las series florales, frutales, vegetales, minerales y a veces especiadas.

Los aromas secundarios corresponde a la gama de las flores, las frutas, las especias y las notas vegetales que son los olores más frecuentes.

Para los aromas de crianza o bouquet las gamas se multiplican: florales, frutales, miel, madera, café, chocolates, etc.

Gusto.

Tras la vista y el olfato pasamos a degustar el vino en boca, para ello se debe beber lentamente una pequeña cantidad de vino. Un buche medido para mantenerlo y removerlo en la boca durante unos segundos.

Siempre que los vinos estén calientes se los debe enfriar.

Al saborear el vino se debe pasar una y otra vez por la lengua. La menor o mayor graduación alcohólica, se percibe en la boca, porque el alcohol produce una sensación cálida y dulce.

Luego se buscan solo las sensaciones ácidas y amargas, los ácidos se notan en los laterales de la lengua, y los amargos en la parte posterior. Esos sabores amargos se deben a los taninos, donde en el caso de los vinos tintos, los taninos ponen la lengua rasposa y los labios tirantes.

Cuando el vino se calienta en la boca se comienzan a apreciar mas los aromas, ya que la boca y la nariz están íntimamente ligadas.

La Chicotá está en c/ Navas, 20, 18009 de Granada, junto a la plaza del Carmen donde se sitúa el Ayuntamiento de Granada. Ver mapa
Tfno.: 958 220 349